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LAS "VACAS LOCAS" 

(Informe sobre la crisis planteada por la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) que afecta al ganado británico)

 

 

1. INTRODUCCIÓN

2. RESUMEN

3. INFORME

3.1 Los hechos

3.2 Declaraciones públicas de los Científicos.

4. EL ESTADO DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

4.1 La Enfermedad

4.2 Los Antecedentes.

4.3 El Debate Científico

5 EL MODELO DE PRODUCCIÓN CÁRNICA

5.1 Un Sistema en Cuestión

5.2 El Factor Económico 

6. DISTINTAS POSTURAS

6.1 Partidarios de Levantar el Embargo.

6.2 Los partidarios de Continuar con el Embargo

7. EL ANÁLISIS

8. ALGUNAS PREGUNTAS Y RESPUESTAS DE INTERES

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II Declaraciones Públicas de los Científicos

 

El dilema de los científicos se hizo público el pasado abril, cuando la prestigiosa revista Nature recogió la tormenta que se había producido con ocasión de un Congreso médico celebrado en París. Según algunos científicos, el gobierno del Reino Unido había censurado a los expertos británicos presionándolos para que no presentaran en ese Congreso los últimos casos de Creutzfeldt Jakob atípicos surgidos en el Reino Unido.

 
Casi al mismo tiempo, la revista médica The Lancet publicaba los últimos diez casos de Creutzfeldt Jakob atípicos detectados en personas jóvenes. En los mismos días, los especialistas más cualificados en patología animal y trasmisión de enfermedades animales al hombre hacían declaraciones que, en definitiva, permitían sospechar que los casos de Creutzfledt Jakob atípicos en menores de 60 años se pueden multiplicar en los próximos años.

 
Alan Colchester, neurólogo del Hospital Guys de Londres, centro especializado en el cual se atiende a los afectados británicos, declaró que los ingresos podían ser sólo los primeros casos de muchos otros que irían apareciendo en el futuro (Diario 16, 27 de abril, p. 18)).

 
Si se piensa que no existe un medio diagnóstico y que, por lo tanto, la confirmación de la enfermedad debe esperar a la muerte del paciente y a la autopsia, las palabras del doctor Colchester resultan especialmente preocupantes y sugieren una pregunta intranquilizadora: ¿se trata de una previsión hecha a la luz de un número indeterminado de enfermos sospechosos de padecer la enfermedad que, no obstante, no podrán ser contabilizados como tales casos hasta después que se les realice la autopsia preceptiva?.

 
Al respecto, no debe olvidarse que los especialistas como el doctor Colchester tienen el conocimiento más directo de los casos de Creutzfeldt Jakob atípicos que se están produciendo en el Reino Unido, puesto que en este importante centro neurológico se tratan, precisamente, todos estos casos.

 
En este contexto, también adquieren especial significado las declaraciones de Sheila Gore, del Medical Reserch Council, que sostiene que la aparición de sólo 4 casos más en el Reino Unido permitiría, estadísticamente, prever un rápido aumento de los casos en el futuro (ibid).

  
Otro destacado experto, Neal Barnard, científico norteamericano, miembro del Comité Médico para el ejercicio responsable de la medicina de su país, advirtió, a finales de abril, que todos los factores presentes en la producción cárnica británica que condujeron a la aparición del mal de las "vacas locas", están igualmente presentes en el modelo de producción cárnica de Estados Unidos (Diario 16, 2 de mayo, p. 18).

  
En el marco de una conferencia de prensa celebrada en Washington, Barnard fue más lejos para recordar que científicos norteamericanos ya habían detectado una enfermedad similar, oficialmente no identificada, en el estado de Wisconsin, que produjo la muerte de varias cabezas de ganado en 1985, año fatídico en que empieza a ser noticia el caso de unas "vacas locas" en el condado de Kent, en Inglaterra.

 
A pesar de las declaraciones tranqulizadoras del Departamento de Agricultura de EEUU, que estima "muy remota la posibilidad de que la enfermedad pudiera reproducirse en EEUU", varios grupos de consumidores estadounidenses han pedido al presidente Bill Clinton, en las últimas semanas, que adopte normas preventivas.

 
El profesor Charles Weissman, del Instituto de Biología Molecular de Zurich y al cual la UE le ha encargado la formación de un grupo de trabajo sobre el asunto, es muy claro. En unas declaraciones a Le Monde (30 de abril) afirma que, pese a todas las dudas que existen en este terreno, piensa que "existe una serie de evidencias suficientemente fuertes para que nos comportemos colectivamente como si el prión bovino hubiese sido transmitido al hombre".

 
Otro aspecto que preocupa es que decenas de miles de vacunos británicos afectados actualmente por la EEB tuvieron que contagiarse después que el gobierno británico prohibiera la alimentación con piensos animales sospechosos de contaminación. Oficialmente, según los científicos, no deberían haberse producido nuevos casos de vacas enfermas desde 1993, dado que, en 1988, el gobierno británico prohibió el uso de las harinas animales sospechosas en la alimentación de los vacunos.

 
Sin embargo, no fue así. Según el científico vienés Martin A. Nowak, experto en Biología matemática del Instituto de Zoología de la Universidad de Oxford, en un informe publicado en el último número de Nature, que recoge las conclusiones de un equipo de investigadores, los ganaderos podrían haber violado masivamente la norma.
En el informe, Nowak y su equipo calculan que, al menos, otras 30.000 reses británicas se verán afectadas por este mal entre 1995 y el año 2000, aparte de las 30.000 ya afectadas y nacidas después de 1993 y que constituyen un porcentaje destacado del total de reses británicas enfermas (160.000). (Diario 16, 9 de mayo, p. 28).

 
Pero estos nuevos casos no tienen por qué ser sólo fruto de una conducta delictiva masiva de los ganaderos británicos, aunque Nowak haya mencionado explícitamente sólo esta causa. Los nuevos casos también pueden ser un claro indicio de la existencia de contagio horizontal, como ha declarado recientemente José Antonio García Jalón, profesor de Patología Animal de la Universidad de Zaragoza y miembro del equipo de expertos españoles que investiga la EEB y la scrapie que afecta a las ovejas. El profesor García Jalón estima que hay indicios claros de contagio horizontal (Quo, abril de 1996).
De modo que, según las declaraciones de los expertos, existen serios motivos para pensar que el contagio horizontal y el vertical son una realidad. Pero el citado informe de Nowak contiene además otros datos preocupantes. De acuerdo con las declaraciones del experto, no se ha establecido todavía el mecanismo de contagio horizontal (entre animales adultos infectados), ni el vertical (de madre a hijo). De modo que tampoco se han tomado medidas profilácticas de aislamiento de los rebaños afectados conforme a unos criterios racionalmente bien fundados.

 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha solicitado a la UE la aprobación de la Comisión Europea al levantamiento del embargo sobre productos como el sebo, las gelatinas y el esperma proveniente de vacunos británico. La OMS ya había tomado partido por Londres desde el inicio de la crisis, al proclamar, por boca de su portavoz, Lindsay Martínez, que no existían evidencias científicas de que la enfermedad de las "vacas locas" se trasmitiera al hombre.
Las declaraciones de la OMS coinciden con la posición norteamericana, contraria al embargo, que se ha reafirmado hace pocos días con las declaraciones de Robert G. Cassens, experto de la Administración Clinton, quien explica la posición de EEUU por "no considerar probado que la enfermedad de las vacas locas se trasmita al hombre". Una posición comprensible si se piensa que EEUU utiliza el mismo modelo de alimentación animal que el Reino Unido y que no se ha sumado al embargo de la carne británica (Negocios, 10 de mayo, p. 26).

 
Sin embargo, estas posiciones se inscriben en la misma línea que adoptó la Comisión Europea al descartar de entrada y sin mayores explicaciones públicas el embargo de productos como los derivados lácteos, pese a carecer de datos sobre el mecanismo de trasmisión del contagio y de que previamente se había ordenado la destrucción de las partidas de leche de los animales afectados.

 
La revista médica The Lancet, como adelantamos, ya ha publicado en abril los datos sobre una decena de casos de encefalopatías espongiformes "de nuevo cuño" registrados en los últimos dos años. De estos últimos 10 fallecimientos, cuatro corresponden a personas jóvenes de Ashford, en el condado de Kent, localidad donde precisamente aparecieron las primeras "vacas locas" en 1985. De estos casos, dos corresponden a trabajadores de granjas y uno a un trabajador de un matadero (el restante a una abogada de 28 años residente en la zona).

 
Según ha publicado la revista Nature, también en abril, los especialistas europeos en EEB se quedaron paralizados el pasado marzo por la falta de datos de sus colegas británicos de la Comisión Asesora nombrada por el gobierno de John Major.

 
Pero tampoco existe unanimidad en el campo científico. Según expertos como el francés Phillippe Lazar, es inaceptable desencadenar el pánico por presunciones que no han sido demostradas científicamente. En cambio, Charles Weissman, coordinador de la Comisión de Expertos de la UE para el análisis de la situación, ha señalado que tampoco pueden demorarse las medidas preventivas imprescindibles y menos todavía supeditarlas a una "confirmación científica" (El País, 1 de mayo, p. 34).

 
Pese a estas diferencias, los hechos bien establecidos son recordados por los especialistas en EEB. Una enfermedad similar era conocida en ovejas desde 1732 (scrapie o tembladera). Las ovejas se usan en las últimas dos décadas para alimentar vacas y entonces, no antes, la enfermedad aparece en el ganado vacuno. Esas mismas vacas sirven de alimento a los seres humanos. Después, no antes, empiezan a producirse casos de Creutzfeldt Jakob en jóvenes. Y, finalmente: de los últimos diez casos de enfermedad en personas, reconocidos oficialmente, cuatro se han dado en Ashford, en el área de Kent, en Inglaterra, donde hace más de diez años se detectaron los primeros casos de "vacas locas".
En estos datos bien conocidos por todos se apoyan las declaraciones de especialistas como Guillermo Suárez, catedrático de Microbiología, Virología e Inmunología de la Universidad Complutense de Madrid y destacado experto en trasmisión de enfermedades animales al hombre: "Creo que la relación causa-efecto entre la EEB de las vacas y la enfermedad de Creutzfeldt Jakob en las personas está bastante clara" (Quo, ibid).

 

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