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1. INTRODUCCIÓN
2. RESUMEN
3. INFORME
3.1 Los hechos
3.2 Declaraciones públicas de los Científicos.
4. EL ESTADO DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
4.1 La Enfermedad
4.2 Los Antecedentes.
4.3 El Debate Científico
5 EL MODELO DE PRODUCCIÓN CÁRNICA
5.1 Un Sistema en Cuestión
5.2 El Factor Económico
6. DISTINTAS POSTURAS
6.1 Partidarios de Levantar el Embargo.
6.2 Los partidarios de Continuar con el Embargo
7. EL ANÁLISIS
8. ALGUNAS PREGUNTAS Y RESPUESTAS DE INTERES
3 El debate científico
El primer motivo de escepticismo científico respecto de la posibilidad
de contagio de la EEB a los humanos es lo que podemos denominar "la
barrera de la especie". No sólo las células de ovejas y vacas producen
priones, sino la de muchas otras especies. Los científicos ya han comparado
los priones de 33 especies distintas, que van desde las ratas a los
orangutanes y al hombre. Sin embargo, a pesar de la existencia de la
scrapie ovina y de las extensas cabañas de ovejas, nadie ha detectado
casos de contagio humano.
En laboratorio se ha clonado el prión de la Gerstmann Sreaussier y se
determinó la diferencia entre el PrP normal y el patógeno. De los 248
codones (secuencia de tres nucleótidos implicados en la síntesis proteica)
de la estructura que codifica la proteína, se vio que sólo existía una
diferencia en el codón 102. También se ha demostrado la elevada incidencia
estadística de esta mutación en las familias afectadas por este síndrome.
Asimismo se había observado en laboratorio que la forma patogénica del
PrP era resistente a la acción de las proteasas en el caso de la scrapie
ovina. Pero de todos modos existía escepticismo científico respecto
a que una proteína pudiera ser un agente infeccioso y se barajó la teoría
de un virus lento o encubierto como explicación para el mecanismo de
contagio.
Pero las investigaciones no avalaron esta teoría hasta el momento. En
laboratorio, la degradación de los ácidos nucleicos en los extractos
infectivos no ha reducido el potencial infectivo de éstos. En cambio,
esta eficacia infectiva sí se ha reducido al proceder a una desnaturalización
de las proteínas. Un tercer factor para avalar la viabilidad de un contagio
producido por el mismo prión mutado ha sido la ausencia de material
genético asociado a los priones.
En todo caso, la resistencia del prión a la acción enzimática de las
proteasas también avalaba la posibilidad del contagio por vía de la
ingesta. Esta vía de contagio ha sido establecida claramente en el caso
del salto de la enfermedad de la oveja a la vaca.
En laboratorio, también se ha conseguido el contagio interespecífico
con ratones, pero mediante inoculación del prión mutado. Estos ratones
transgénicos desarrollaron la enfermedad y permitieron una primera aproximación
al modelo de acción del PrP, que consigue transformar a los PrP normales
en PrP patogénicos induciendo la forma característica de plegamiento
de estos últimos.
En cambio, la inoculación de PrP patógeno en ratones transgénicos a
los cuales se les había bloqueado el PrP normal, no produjo enfermedad
en estos animales de laboratorio, si bien produjo otras alteraciones
graves del sueño y, a la larga, síntomas similares como atrofia cerebral,
pérdida de coordinación y pérdida del control de los movimientos (Nature,
abril 1996).
Otro dato para vislumbrar que el mecanismo de contagio implica de lleno
el contacto entre el PrP normal celular del huésped y el PrP patógeno
invasor. En tubo de ensayo, la introducción de PrP patógenos en preparados
con PrP normales ha permitido establecer esta modificación de la forma
estereoquímica Alfa (normal) en Beta (patógena).
El argumento de los científicos favorables a las tesis británicas para
sostener la opinión de que la posibilidad de contagio por la vía de
la ingesta de carne de vacuno es remota, se basa en las diferencias
entre el prión del vacuno y del hombre.
En el caso del gen que codifica el PrP en ratones y hamsters la diferencia
afecta a 16 codones. Pero el ratón normal inoculado con el prión del
hamster patógeno no desarrolla la enfermedad. En cambio, el ratón transgénico
en cuyo material genético se incluye el prión normal del hamster, desarrolla
la enfermedad cuando es inoculado con el PrP patógeno del hamster. Estos
resultados permiten suponer que 16 codones de diferencia entre las distintas
especies son una barrera infranqueable para el contagio priónico..
Cuanto más se asemeja una molécula de PrP patógena al PrP normal del
huésped, más posibilidades existen de contagio interespecífico. Y viceversa:
cuanto menos análogos son los priones de una y otra especie, menores
posibilidades hay de contagio. Los priones de una especie interactúan
así preferentemente con el PrP normal más análogo.
En el caso de la oveja y la vaca la diferencia priónica sólo afecta
a 7 codones. En este caso tenemos, en principio, un indicio del potencial
infectivo, sobre la base de estimar la tasa de contagio de las vacas
y la cantidad de ganado vacuno alimentado intensivamente (dosis infectivas)
con piensos elaborados a partir de ovejas enfermas de scrapie.
Si se piensa en la extensión de este modelo de producción cárnica y
en las dos décadas que lleva aplicándose de forma intensiva, con ganados
estabulados y sin epidemias, también parecía evidente que el contagio
de la oveja a la vaca era poco probable. De modo que la alarma, realmente,
no se disparó hasta que la enfermedad no se extendió con rapidez en
la cabaña bovina.
No obstante, los científicos escépticos respecto de la posibilidad de
contagio a las personas por la vía de la ingesta de carne de vacuno
enfermo insisten en que la diferencia entre los priones bovinos y humanos
afecta a 30 codones (sólo hay 7 codones distintos en el caso de la vaca
y la oveja).
En cambio, los científicos que sostienen la posibilidad real y efectiva
de contagio por ingesta hacen notar que lo decisivo no es el número
de codones diferentes entre los priones de una y otra especie, sino
el lugar concreto en que se produce la diferencia. Esto es: si no existe
diferencia en la región crítica del plegamiento de la proteína, entonces
la posibilidad de contagio sería elevada, al margen de las diferencias
que se sitúan en otras zonas de la proteína.
En resumen: el hecho de que no se haya detectado contagio de la scrapie
ovina al hombre pese al extendido consumo de carne de oveja y el hecho
de que las diferencias entre los priones ovinos, bovinos y humanos afecten
a una cantidad similar de codones, no sería indicativo de una posibilidad
remota de contagio humano por ingesta de carne de vacuno contaminada.
Si los 30 codones diferentes que codifican los aminoácidos del prión
bovino y el humano no situaran los aminoácidos en la región crítica
de plegamiento, sino en otras regiones, entonces la posibilidad de contagio
podría ser mucho más elevada a pesar de las diferencias.
En este sentido, también existe otro dato importante. Recientemente
se ha detectado el salto de la EEB a los gatos y se ha propuesto la
ingesta de pienso enriquecido como vía de contagio. Es decir, todo parece
indicar que el contagio interespecífico supone un riesgo muy distinto
para distintas especies y que este riesgo puede ser muy elevado o muy
remoto, dependiendo de la mayor o menor semejanza estructural de las
denominadas regiones críticas de los PrP involucrados.
Finalmente, ha surgido la idea de que podría ocurrir que la enfermedad
de las "vacas locas" hubiese puesto a los científicos en el
camino correcto para avanzar en el conocimiento de los mecanismos que
generan otras graves enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.
¿Podrían ser inducidas también por priones anormales con formas de plegamiento
todavía no establecidas?.
En esta hipótesis, a las dos formas conocidas del PrP (Alfa y Beta,
normal y patógena, respectivamente) se añadirían otras variantes patógenas
que estarían en la base del mecanismo que activa enfermedades como las
referidas. En cualquier caso, esta hipótesis podría servir para motivar
la financiación de las investigaciones priónicas por la expectativa
de negocio que supone un mercado mucho más amplio. Ya no se trataría
del Creutzfeldt Jakob esporádico o atípico, sino también del Alzheimer,
otra enfermedad en aumento. La misma hipótesis se ha planteado en relación
a enfermedades como el Parkinson y la esclerosis lateral amiotrófica.
Tampoco cabe descartar que hubiese alguna predisposición genética para
la adquisición de la enfermedad, lo que podría explicar las diferencias
observadas en el desarrollo de la dolencia en personas con hábitos similares.
En el número de abril, la revista Scientific American publica una recopilación
de las investigaciones y trabajos publicados sobre este tema, cuyo autor
es Stanley B. Prusiner, profesor de Neurobiología y de Bioquímica de
la Universidad de California en San Francisco, es uno de los pioneros
y primeras figuras en este campo a escala mundial.
El problema fundamental y más inmediato, con todo, no es tanto cuantificar
el riesgo potencial de contagio interespecífico por vía de la ingesta,
que sigue pareciendo remoto a la luz de las variables en juego (extensión
abrumadora del consumo de carne de vacuno presuntamente contaminada
y únicamente diez casos de Creutzfeldt Jakob atípicos en personas menores
de 40 años en los últimos dos años). Pero no debe olvidarse que estamos
ante una enfermedad que puede trasmitirse por vía hereditaria y que
este factor no puede ser soslayado en la estimación del riesgo sanitario.
Incluso si nos encontramos ante una posibilidad de contagio remota,
que exige un consumo continuado y altas dosis infectivas para que se
desarrolle la enfermedad en el huésped, está claro que una vez adquirida
esta enfermedad puede propagarse por contagio vertical (de padres a
hijos) generando, a partir de unos pocos casos, una auténtica emergencia
pandémica al cabo de algunas generaciones.
Naturalmente, este escenario traumático implica un período muy dilatado,
que permitiría sin duda tomar las medidas adecuadas a partir de la investigación
y el seguimiento de las familias afectadas. De forma que la cadencia
o ritmo en que se presenten o no nuevos casos puede resultar al cabo
decisiva, a corto plazo, para el levantamiento del embargo que pesa
sobre el bovino británico.
Por otro lado, el número de casos detectados oficialmente tampoco puede
ser leído sin más de forma tranquilizadora. Estamos ante una enfermedad
con un período de incubación muy largo y posibles diferencias en la
sensibilidad individual ante la infección. Se ignoran los factores que
pueden determinar que este período sea más o menos dilatado en distintos
casos, no se han establecido las dosis infectivas y podría ocurrir,
en consecuencia, que al principio el goteo de casos fuera mínimo y más
tarde se acelerara exponencialmente, como ocurrió a partir de los primeros
seis afectados del Sida. Un escenario que invita a modular el embargo
escalonadamente, a la luz del ritmo de aparición de nuevos casos.
En cuanto se refiere a los sectores de actividad económica afectados,
(o que puedan resultar afectados por efecto de la alarma pública, al
margen del riesgo sanitario real) aparte del cárnico y derivados hay
que mencionar la leche y derivados lácteos, las gelatinas de bovino,
los productos cosméticos que contienen tejidos animales, lápices de
labios, jabones y pastas de dientes, cápsulas de fármacos como supositorios,
chocolates, dulces y helados que utilizan derivados cárnicos como la
grasa y la gelatina como estabilizadores y emulsores.
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