1 Partidarios de levantar
el embargo
Ésta es la posición que defiende el Reino Unido, apoyado por Estados
Unidos y también por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El argumento
básico es que no existe confirmación científica de la trasmisión de
la EEB al ser humano y, en consecuencia, no puede considerarse establecido
científicamente que los nuevos casos de Creutzfeldt Jakob que afectaron
a una docena de jóvenes británicos se deban a un contagio por ingesta
de carne de reses afectadas.
Esta posición considera dos aspectos fundamentales del problema. En
primer lugar, la magnitud del coste económico que supondría un Plan
de Erradicación de la enfermedad (decenas de miles de millones de dólares).
En segundo lugar, el escaso número de afectados contabilizados oficialmente
en el momento de tomarse una decisión de tanto impacto económico y social
como el embargo. En este sentido, el impacto económico de la medida
la descalificaría en función de la insuficiencia de conocimiento científico
y del escaso número de afectados.
Esta posición argumenta, básicamente, de forma coherente con el tratamiento
que las sociedades desarrolladas dan a los riesgos inherentes a los
avances tecnoindustriales. Ninguna innovación supone un riesgo cero.
Todas las expectativas del mercado, además, están comprometidas con
este modelo consensuado de aceptación de riesgos estadísticamente residuales.
En el caso de la alimentación, la actual emergencia de un creciente
mercado de productos obtenidos a partir de la ingeniería genética implica
de lleno este modelo, cuyo paradigma inicial fueron las centrales nucleares,
pero que hoy se aplica, formalizado y planificado, a la implementación
de medidas preventivas para una gran cantidad de procesos industriales
que involucran riesgos de accidentes mayores y sanitarios de todo tipo.
En este contexto socioeconómico se impone, como es evidente, un referente
superior que permita dirimir la cuestión de cuánto riesgo está dispuesta
a asumir la sociedad. Y ese referente implícito, igualmente consensuado,
es el saber científico y especializado.
Al no existir riesgo cero, el riesgo debe ser definido, cuantificado,
antes de ser descartado o asumido socialmente. Disparar la alarma con
cordones sanitarios antes de conocer la dimensión del riesgo, sobre
la base de una decena de casos, equivale, desde la perspectiva angloamericana,
a disparar bajo la línea de flotación de todo el aparato productivo.
El Reino Unido ha ofrecido saldar la crisis con el sacrificio de unas
40.000 cabezas de ganado enfermo, a un coste de 16.000 millones de pesetas.
Posteriormente, esta cifra fue ampliada, al menos como declaración de
disposición a considerar el escenario, a otras 130.000 reses.
Pero el Reino Unido no percibe este sacrificio de parte de su cabaña
como un imperativo sanitario, sino como el precio político que debe
pagar por la deliberada activación de la alarma social por parte de
los aparatos competidores de sus socios europeos.
Esto explica la voluntad política británica de mantener en secreto las
investigaciones de sus expertos, hasta estar en condiciones de conocer
la magnitud del riesgo sanitario. Pero el hecho mismo de que, finalmente,
se impusiera en el seno del gobierno británico la opinión que defendía
un primer reconocimiento de la existencia de una posibilidad de contagio
de la EEB a las personas, disparó las declaraciones de los expertos
europeos y abrió la puerta al embargo decretado el 3 de abril, diez
días después del reconocimiento británico.
La evolución posterior de la crisis, por la firme oposición europea
a suavizar la medida y modularla conforme a los datos que se iban teniendo,
irritó a los británicos, dio alas a la corriente euroescéptica y hasta
se ha especulado con que permita a John Major llamar a elecciones anticipadas
coincidiendo con el clima patriótico que podría acabar generalizándose
como efecto del enfrentamiento.
2 Los partidarios
de continuar con el embargo
Inicialmente, los partidarios del embargo fueron todos los socios no
británicos de la UE, motivados por la inquietante posibilidad de que
la rápida extensión de la EEB en la cabaña británica, se extendiera
también a las cabañas europeas libres de la epidemia, como consecuencia
de las importaciones de vacunos afectados y, también, por la posibilidad
de generar un problema mayor de salud pública a escala europea.
Esta posición estima que, en función de la gravedad de la EEB y de la
enfermedad de Creutzfeldt Jakob, debe aplicarse una medida de prevención
radical, mientras se intensifica la investigación y se obliga al Reino
Unido a seguir un Plan de Control y Erradicación de la enfermedad que
sanee toda su cabaña, antes de levantar el embargo totalmente.
Según las estimaciones de los expertos del Comité Veterinario Permanente
de la UE, esta erradicación completa de la EEB en los vacunos británicos
podría conseguirse hacia el año 2002, siempre que se actúe decididamente
aislando a todos los rebaños afectados y procediendo al sacrificio de
los mismos.
Desde el punto de vista científico, los expertos que apoyan esta medida
entienden que la relación causal entre la enfermedad de las "vacas
locas" y los nuevos casos de Creutzfeldt Jakob está suficientemente
clara a la luz de los datos que se poseen, aunque todavía no sea posible
establecer los mecanismos de contagio horizontal, vertical e interespecífico,
ni el índice de riesgo.
Otro argumento de peso es la posibilidad de que la epidemia se dispare
en el futuro como consecuencia de la trasmisión hereditaria (contagio
vertical) produciendo cientos de miles de casos futuros al cabo de dos
generaciones.
En el Consejo de ministros del 15 de mayo esta posición tuvo importantes
fisuras (Dinamarca fue uno de los países más proclives a las tesis británicas),
aunque no pudo plasmarse en una decisión política por la resistencia
de los científicos, si bien también entre estos expertos se ha debilitado
sensiblemente el respaldo a la prolongación del embargo y se ha aceptado,
en principio, respaldar una suavización de la medida en función de una
postura británica más favorable a establecer un programa de control
sanitario y erradicación de la enfermedad.
En apoyo de esta tesis puede citarse la opinión experta de Martin A.
Nowak, especialista en Biología Matemática del Instituto de Zoología
de Oxford, que entiende que un sacrificio que se limitara a las reses
mayores de 10 años no evitaría ni un solo caso de EEB en el futuro.
Es una posición cuyo principal aval es la prudencia sanitaria y económica.
En relación a la primera, porque la preservación y salvaguardia de la
salud pública es un imperativo que, de descuidarse o de equivocarse
con una infravaloración del riesgo epidemiológico, puede suponer una
crisis mucho mayor que la que se desea evitar y de carácter global:
cuestionaría la responsabilidad política de todos los gobiernos europeos
ante la opinión pública. En relación a la segunda, porque una extensión
del contagio multiplicaría exponencialmente el coste final y supondría
una catástrofe para todos los países de la UE.